La tiranía de la definición única.
- Mamá en Pausa

- 14 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Hace unos días, sentada en la mesa del comedor—que a ratos es sala de reuniones, a ratos enfermería, a ratos cafetería—, algo me hizo clic. No fue una gran revelación, sino una sacudida suave, de esas que te recolocan por dentro, justo donde duele la incoherencia.
Durante años, he vivido, como muchas de vosotras, en la Tiranía de la Definición Única.
Por un lado, sentía la exigencia del rol eficiente: agenda desbordada, proyectos con fechas límite críticos, la necesidad de mantener el foco como un láser, ya fuera en un trabajo formal, un emprendimiento o gestionando el hogar. Por el otro, la exigencia del rol maternal: llamadas constantes de los chicos ("mamá, hoy no me siento bien", "mamá, hay un problema importante en el cole", "mamá, necesito que me escuches ya").
Y en medio, yo. Intentando ser la persona impecable que pide "cinco minutos" a su hijo, y la madre presente que responde un email (o friega un plato) mientras escucha un drama escolar. La realidad es que no era ni una cosa ni la otra; era una versión diluida y agotada de ambas. Llegaba a preguntarme, y quizás tú también te lo has preguntado: ¿Cuál es mi sitio? ¿Dónde pongo mi foco sin fallar en el otro rol?

La Coherencia es un Mito Agotador
Nos han vendido la idea de que para ser eficientes o "buenas" en algo, debemos ser coherentes. Y la coherencia, para el cerebro, significa elegir una etiqueta y ceñirse a ella.
Si eres la Planificadora, no puedes ser la Impulsiva. Si eres la Madre en Pausa, te sientes culpable por tener una ambición profesional o personal.
La presión es brutal. Intentas "corregir" esa parte de ti que irrumpe en el rol dominante: suavizar la ambición, si estás en casa. O suavizar la culpa, si estás en el trabajo o tienes un día de descanso personal. Y todo esto nos genera la sensación constante de estar fallando, fallando a nuestros hijos y a la mujer que somos.
El Clic de la Bondad de Ajuste a Una Misma
Hace tiempo, leyendo sobre la bondad de ajuste para nuestros hijos (es decir, encontrar un molde que se adapte a sus formas reales), me di cuenta de algo revolucionario: ¿por qué no aplicamos esa misma bondad a nosotras mismas?.
Si acepto que la intensidad de mi hijo es también su gran capacidad de sentir, ¿por qué no puedo aceptar que mi impulsividad profesional (necesidad de actuar y resolver ya) conviva con mi necesidad de pausa?
El cambio empieza por cambiar una sola palabra en nuestro diálogo interno: el "pero" o el "o" por el "Y".
No es: "Soy la Ejecutiva, pero mis hijos me reclaman."
Es: "Soy una profesional Y soy una madre que gestiona crisis emocionales. Y ambas tareas requieren mi 100% en el momento en que suceden."
Dejar de Luchar contra tu Propio Universo
Nuestra identidad no es un punto fijo; es un espectro. Cuando te permites que la que está en la reunión es la misma que tiene la oreja puesta en la llamada del colegio, dejas de luchar internamente.
El verdadero descanso ("pausa") no está en parar de hacer cosas, está en dejar de luchar contra la persona multifacética que ya eres.
El acto de ternura es este: Mírate con la misma aceptación con la que miras a tus hijos. La impulsividad profesional puede ser resolución inmediata. La distracción puede ser curiosidad viva. Y la intensidad emocional es la que te permite ser una líder y una madre conectada.
Mi pequeño ejercicio de Encaje Imperfecto
Te invito a hacer algo simple. Nombra dos facetas tuyas que te parecen opuestas:
La Etiqueta de la Presión (La Profesional Desbordada, la Ama de Casa Impecable...).
La Etiqueta del Deseo (La Lectora Despreocupada, la Soñadora, la que solo descansa...).
Luego, dales la paz para convivir. Escribe una frase y pégala en un sitio visible: “Yo soy la Ejecutiva resolutiva Y soy la Lectora que necesita el silencio para recargar. Ambas viven aquí.”
Ahí, en ese pequeño encaje auténtico, te acercas poco a poco a un espacio con mayor paz.
Atrévete a unir dos etiquetas y cambia la "o" por la Y.




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